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lunes, 21 de noviembre de 2011

Rompecabezas

Te sientas y le das un orden. Es como un rompecabezas, pero la verdad no recuerdo haber terminado alguno cuando era niño, quizás sí. Ves un montón de piezas, colores y formas; sabes que tiene un patrón y al final si le pones mucho empeño te va a quedar una maravillosa figura: un retrato de algún artista famoso, un bonito paisaje europeo, alguna obra de arte importante. Ahora no se trata de un rompecabezas así, se trata de uno en donde aparece mi foto, creo; la verdad es que no estoy seguro porque no está armado. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Permanente

Te escribo desde un día que está por venir. Ese día no sé exactamente que está sucediendo conmigo, mucho menos contigo. El mundo no es el mejor lugar para vivir hoy, quién sabe mañana. Pero al menos sé que te escribo desde ese día hoy mismo, que es lo que puedo hacer; ese día estoy sonriente, tranquilo y fuerte. Supongo que siempre quise ser así, y siempre quisiste que fuera así. Me perdí un poco caminando, pero caminando me encontré; te perdí un poco caminando pero volando te encontré.

No basta con cambiar la forma en que se ven las cosas, hay que cambiar la forma en la que se hacen también. Todo a nuestro alrededor está vivo, aunque enfermo, vivo. Tú tienes más vida que muchas cosas que jamás voy a conocer, y desesperadamente busco que un poco de esa vida se quede dentro de mí, porque si lo logra, entonces jamás desaparecerá, porque jamás desaparecemos. 

domingo, 13 de noviembre de 2011

Bosque

El niño se asomó por la ventana, tímidamente. La casa estaba vacía, en medio del bosque, parecía llevar al menos cincuenta años abandonada. Ninguno de los demás quiso acompañarlo, unos por desidia y otros por miedo, pero no quisieron ir a la casa; en realidad habían ido tantas veces ya que una más no importaba. Él seguía yendo, casi todos los días, no le importaban los demás. Sentía que de tanto asomarse, algún día vería algo más interesante que los restos de muebles, las hojas, el polvo y un montón de piedras que entre todos habían llevado ahí para jugar.
Siempre hacía lo mismo: se asomaba por la ventana más grande, que estaba en el costado derecho de la entrada principal. Una vez, y esperaba; contaba exactamente treinta segundos y se volvía a asomar lo más rápido que podía como esperando sorprender a quien el sabía que aún vivía en esa casa. No estaba seguro si se trataba de una familia entera, de una pareja de ancianos, de un hombre solo (joven o viejo); pero estaba seguro que no se trataba de un grupo de niños.

martes, 1 de noviembre de 2011

Viaje

Insisten en que me vaya, que respire otros aires, que rompa ciertas barreras; debo insistir en que me vaya, en respirar otros aires, en romper ciertas barreras. El tiempo pasa y un centenar de ideas se anidan en mi mente, crecen y me llevan a lugares que ni siquiera existen, a escenarios que no sucederán tal y como los imagino. Un eslabón tras otro, das un paso y entonces sin darte cuenta ya estás dando el siguiente, ves una cosa y ya estás pensando en la próxima, un sonido te lleva al otro y una palabra basta para saber que el bloqueo mental es real; tan difícil hacerlo como deshacerlo. 

Un montón de hilos nos tienen atados a lugares, personas y circunstancias. Eso que llaman mente humana es domable, controlable, perfectible; eso que llamamos ser humano no es domable, ni controlable, ni perfectible; es simplemente dos puntos que se unen en algún momento, jamás en línea recta. La memoria y lo que se trasciende, el olvido y el perdón; todo está resumido en poder lograr que esos hilos no se enreden. En mi viaje planeo llevarme un par de agujas, y aunque no sé tejer, los hilos han der ser acomodados. 

domingo, 30 de octubre de 2011

Bruno

Trabajar toda la semana y poder estudiar los fines de semana fotografía, su pasión. Saber que su sueldo en la librería no es suficiente, que su madre tiene cáncer y que ha decido irse a vivir a Playa del Carmen, que su hermano tiene más de treinta años y que no ha sido capaz de escaparse de un círculo de auto-sabotaje que lo tiene anclado a la casa materna; saber todo esto no es fácil. Dice que ya llegó al límite de la depresión, que en todo ese caos encontró un justo medio, encontró una especie de sendero en el que visualiza un futuro mucho mejor que el de este momento. Insiste: se trata de entender la esencia de uno y con esa tener que pasar día a día, a pesar de todo, a pesar de nadie.

Se acuerda (y me recuerda) que en la prepa se sentía un chingón, en la plenitud de la inconsciencia, en la plenitud de disfrutar. El tiempo escurre en las manos, entre los dedos, entre palabras, en pensamientos, en acciones y omisiones, en sonrisas, en lágrimas, en los golpes, en las mañanas, en las noches, en las tardes, en el metro, en el baño, en los recuerdos, en los enojos, en las canciones, en las películas, en la soledad, en la compañía, en el frío, en la sombra, en el agua, en el silencio, en el ruido, en el movimiento, en la quietud, en los pasos, en los saltos, en los gritos; en todo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Ensalada

Comer ensalada para algunos puede ser motivado por la dieta, para otros un simple antojo, para otros un hábito; pero para mí un momento de alegría. Cuando una ensalada es preparada con un montón de cariño, sin importar los ingredientes que sobren o que falten, el sabor es capaz de llegar no sólo al cerebro sino al corazón mismo; que se te haga agua la boca, que te den ganas de llorar, eso es comer. Preparada al momento o en un recipiente para llevar jamás pierde su esencia, jamás pierde su sabor.

A veces digo que no siento hambre, que se me olvidó la sensación; pero el cuerpo necesita comida, eso es un hecho. Cuando pienso eso, también se me ocurre que debe haber algo más adentro de mí que tiene hambre; el alma, el corazón, el cerebro. Comida para la tristeza, que entre por la boca pero que me nutra todo lo demás, que tanta falta me hace. No hay hasta hoy en día una ensalada más rica y más nutritiva para ambos objetivos que la que preparas, lo juro; y por eso estoy muy agradecido.

lunes, 17 de octubre de 2011

Hermano

Conozco poco a mi padre, y lo que conozco no me gusta mucho. En un innumerable número de ocasiones, durante comidas o sobremesas, repetía las mismas historias de su niñez, otras tantas entraba en terrenos más serios, hablando de sus trabajos, del Derecho o de la política. Por él pude hacerme una vaga imagen de lo que había sido su casa cuando niño, sobre mis abuelos y sobre algunas cosas de mis tíos. Mi tío el más grande, Carlos, es simpático, de un carácter ligero; el más chico, José Luis, era bonachón, pero en realidad nunca lo conocí tanto. Él murió hace algunos años, estaba terriblemente deprimido por la muerte de mi abuela y se mató bebiendo. El tema no se toca en realidad en mi casa, pero mi padre siempre tiene recuerdos maravillosos de su hermano y él. Apenas el domingo, mientras comíamos paella, nos contaba como en Acapulco había pescado unas cuantas sardinas con Pepe, las cuales habían llevado a freír a un puesto cercano, en donde una señora les dijo: "¡Uy, esto no les va a alcanzar para nada!". No les importó, se las comieron contentos, juntos.