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domingo, 30 de octubre de 2011

Bruno

Trabajar toda la semana y poder estudiar los fines de semana fotografía, su pasión. Saber que su sueldo en la librería no es suficiente, que su madre tiene cáncer y que ha decido irse a vivir a Playa del Carmen, que su hermano tiene más de treinta años y que no ha sido capaz de escaparse de un círculo de auto-sabotaje que lo tiene anclado a la casa materna; saber todo esto no es fácil. Dice que ya llegó al límite de la depresión, que en todo ese caos encontró un justo medio, encontró una especie de sendero en el que visualiza un futuro mucho mejor que el de este momento. Insiste: se trata de entender la esencia de uno y con esa tener que pasar día a día, a pesar de todo, a pesar de nadie.

Se acuerda (y me recuerda) que en la prepa se sentía un chingón, en la plenitud de la inconsciencia, en la plenitud de disfrutar. El tiempo escurre en las manos, entre los dedos, entre palabras, en pensamientos, en acciones y omisiones, en sonrisas, en lágrimas, en los golpes, en las mañanas, en las noches, en las tardes, en el metro, en el baño, en los recuerdos, en los enojos, en las canciones, en las películas, en la soledad, en la compañía, en el frío, en la sombra, en el agua, en el silencio, en el ruido, en el movimiento, en la quietud, en los pasos, en los saltos, en los gritos; en todo.

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