Vistas de página en total

domingo, 23 de octubre de 2011

Ensalada

Comer ensalada para algunos puede ser motivado por la dieta, para otros un simple antojo, para otros un hábito; pero para mí un momento de alegría. Cuando una ensalada es preparada con un montón de cariño, sin importar los ingredientes que sobren o que falten, el sabor es capaz de llegar no sólo al cerebro sino al corazón mismo; que se te haga agua la boca, que te den ganas de llorar, eso es comer. Preparada al momento o en un recipiente para llevar jamás pierde su esencia, jamás pierde su sabor.

A veces digo que no siento hambre, que se me olvidó la sensación; pero el cuerpo necesita comida, eso es un hecho. Cuando pienso eso, también se me ocurre que debe haber algo más adentro de mí que tiene hambre; el alma, el corazón, el cerebro. Comida para la tristeza, que entre por la boca pero que me nutra todo lo demás, que tanta falta me hace. No hay hasta hoy en día una ensalada más rica y más nutritiva para ambos objetivos que la que preparas, lo juro; y por eso estoy muy agradecido.

1 comentario:

erre (de Ricardo) dijo...

No sé a ti, pero a mí me dio hambre. Buen estilo.

Publicar un comentario