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domingo, 25 de septiembre de 2011

Foto

Sentado con un té inglés en la mano, sin miel pero con crema y azúcar. De un lado Juan, del otro Bruno. Uno metido en la física y la energía, el otro en la fotografía. Uno al borde del suicidio, el otro con años de crisis existencial. ¿Y tú qué? Ahí en medio, sin saber qué decir. Que les tomen una foto, para verla después, como en unos veinte años. Que se quede esa sensación en la foto, que se quede esa piltrafa encerrada por siempre en la foto. El que se sentó en la banca y el que quedó en esa foto no es el mismo que se paró, ni el mismo que será en veinte años.

Ahora estoy temblando, no es nuevo; creo que de todos modos voy a temblar de aquí al último de mis días. Estaba temblando por dentro cuando tomaron la foto, ausente. Si esta noche la viera, en la computadora o revelada, pediría no recordar jamás ese día; o quizás pediría recordarlo siempre. Estoy muy enojado, luego triste, después ansioso y por último cansado. No hay un límite todavía, pero debería parar de empujarme justo en el momento en que deicida subir al techo y fumar de nuevo, donde no es que tenga miedo de la orilla sino del que está en la foto y del que aún no la puede ver en veinte años.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Caminata

El contacto de los pies con cualquier tipo de superficie me va permitiendo un abandono paulatino de los pensamientos, es cuestión de dejar que el cuerpo se desenvuelva de manera dinámica y natural para que caminar se convierta en un ejercicio de existencia. Ya sea con o sin audífonos, la esencia del movimiento y la posesión visual de lo que me rodea me obliga a dejar la mente en blanco, en negro, en rojo, en verde o en cualquier otro color. Es preferible desde luego tener la compañía de la música en todo momento, de aquí allá, de una cuadra a otra, de un color a otro.

Sería terrible si no tuviera piernas, la posibilidad de moverme. Sin embargo es posible tener piernas y no poder moverse, sentir que uno no se mueve. Puedes salir y dar una caminata, con o sin música, pero puedes sentir que estás parado en un punto desde el cual todo a tu alrededor se mueve, menos ese punto. Es peligroso tener la sensación de falta de movimiento, porque en realidad esto nunca sucede. Lo que hace falta es aceptar que nuestro ritmo, por más lento que parezca, está sucediendo, y que es posible que lleve a algún lugar mejor.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Jardín

A lo lejos se podían distinguir un montón de tonos de verde, el Sol creaba bastantes entre las hojas y en la carpeta gigante de pasto. Ni siquiera había llovido la noche anterior, pero era posible ver en las puntas de las hojas un reflejo lo suficientemente brillante como para confundirlo con unas gotas a punto de caer; desde temprano era posible presenciar tan maravilloso espectáculo. Alguna que otra vez la luz era completamente opacada por las nubes pasando, no más brillo o muchos tonos de verde; a final de cuentas las nubes seguían su camino.
Estar sentado tan lejos del jardín hasta permite ver como el viento mueve las hojas, el lento paseo de las ramas haciendo sombra en el pasto, la sombra gigante de un pino completamente inclinado, los insectos que pasan volando, tus pensamientos en un ciclo interminable. La verdad es que sí había llovido la noche anterior, pero yo ni me había percatado; la luz que parecían gotas era en realidad gotas que para cuando termino de escribir esto ya se convirtieron en vapor, y ahora no sé dónde están.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Cortina

No podía levantarse tan temprano, haber dormido tan pocas horas se lo impedían. Se sentía en un fuego cruzado, donde el sueño le ganaba al despertar. Además de escuchar las ramas de los árboles movidas por el viento desde su ventana, podía escuchar perfectamente las manecillas del reloj. Dormía sin camisa desde hace algunos días, el calor y la falta de aire acondicionado lo obligaban; pero también dormía solo. Al principio le costaba trabajo hallarse en ese espacio tan gigante; cuando una cama matrimonial es del tamaño del Sahara. De vez en cuando estiraba el brazo, pero no encontraba nada; también buscaba debajo de la cobija o a un lado de la almohada, el mismo resultado.

Aprendió a vivir con valor de afrontar cada segundo. Tantas vueltas en la cama, el calor, las ramas, el reloj, sus manos y las cobijas, le dijeron que volteara de nuevo a la ventana, porque ahí, detrás de la cortina, el Sol le iba a enseñar como cada instante merece la suficiente pasión y ardor, como ese instante se convierte así en eternidad.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Guarda le stelle

Cuando veía las estrellas se acordaba que no estaba solo. Podía estar en el lugar más despejado del mundo o en la ciudad más contaminada; podía estar solo o rodeado de gente; aprendió que las estrellas jamás desaparecían. Aprendió que una parte de él estaba hecha de lo mismo que las estrellas, le enseñaron que todos venían de aquel lugar; comprendió que todos volvemos a ellas.

Cuando siente que no puede hacer algo, cuando tiene miedo, o simplemente cuando lo quiera, las estrellas le recuerdan mejores tiempos. No tuvo que romperse la cabeza para comprenderlo, pero tuvo que pegar su corazón. Se puede tomar una foto de las estrellas, grabar un video, grabar su sonido en la noche abierta, dibujarlas, acostarse bajo ellas, hasta ignorarlas; pero para nunca olvidarlas hace falta perderlas y volver a tenerlas.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Mediocridad

Era un alma vacía, lo supo siempre. Todo consistía en reconocer que la mediocridad y la decidia habían echado raíces muy profundas en su ser, que al poco rato le quebraron el alma; porque todo mundo tiene una. Compartimos el último año de preparatoria, nada más que buenos tiempos. Poco después los caminos, como siempre, se bifurcaron. Sabía por algunos amigos que él ya vivía en París, se había conseguido una chica, y viajaba mucho últimamente. En mi mente su vida era buena, seguramente disfrutaba muchas cosas que yo no podía; juraba que podía sentir mi admiración a la distancia.

En tiempos difíciles y cuando menos lo esperas, el contacto con ciertas personas, y por lo tanto con distintas realidades, te cambia la percepción de las cosas. Saber que está bien consigo mismo es tranquilizador, de una forma u otra logró asimilarse. Además de las drogas, el trabajo y las noches ambulantes, reconoce que no tiene nada. Y fue capaz de reconocer que piensa en mí, que cree que de una forma u otra, las almas vacías van juntas. Pero cree que todo consiste en saber que estamos locos, y además, ser responsables de esa locura. Yo lo que no quiero creer es que haya raíces.