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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Caminata

El contacto de los pies con cualquier tipo de superficie me va permitiendo un abandono paulatino de los pensamientos, es cuestión de dejar que el cuerpo se desenvuelva de manera dinámica y natural para que caminar se convierta en un ejercicio de existencia. Ya sea con o sin audífonos, la esencia del movimiento y la posesión visual de lo que me rodea me obliga a dejar la mente en blanco, en negro, en rojo, en verde o en cualquier otro color. Es preferible desde luego tener la compañía de la música en todo momento, de aquí allá, de una cuadra a otra, de un color a otro.

Sería terrible si no tuviera piernas, la posibilidad de moverme. Sin embargo es posible tener piernas y no poder moverse, sentir que uno no se mueve. Puedes salir y dar una caminata, con o sin música, pero puedes sentir que estás parado en un punto desde el cual todo a tu alrededor se mueve, menos ese punto. Es peligroso tener la sensación de falta de movimiento, porque en realidad esto nunca sucede. Lo que hace falta es aceptar que nuestro ritmo, por más lento que parezca, está sucediendo, y que es posible que lleve a algún lugar mejor.

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