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sábado, 17 de septiembre de 2011

Jardín

A lo lejos se podían distinguir un montón de tonos de verde, el Sol creaba bastantes entre las hojas y en la carpeta gigante de pasto. Ni siquiera había llovido la noche anterior, pero era posible ver en las puntas de las hojas un reflejo lo suficientemente brillante como para confundirlo con unas gotas a punto de caer; desde temprano era posible presenciar tan maravilloso espectáculo. Alguna que otra vez la luz era completamente opacada por las nubes pasando, no más brillo o muchos tonos de verde; a final de cuentas las nubes seguían su camino.
Estar sentado tan lejos del jardín hasta permite ver como el viento mueve las hojas, el lento paseo de las ramas haciendo sombra en el pasto, la sombra gigante de un pino completamente inclinado, los insectos que pasan volando, tus pensamientos en un ciclo interminable. La verdad es que sí había llovido la noche anterior, pero yo ni me había percatado; la luz que parecían gotas era en realidad gotas que para cuando termino de escribir esto ya se convirtieron en vapor, y ahora no sé dónde están.

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