Cuando veía las estrellas se acordaba que no estaba solo. Podía estar en el lugar más despejado del mundo o en la ciudad más contaminada; podía estar solo o rodeado de gente; aprendió que las estrellas jamás desaparecían. Aprendió que una parte de él estaba hecha de lo mismo que las estrellas, le enseñaron que todos venían de aquel lugar; comprendió que todos volvemos a ellas.
Cuando siente que no puede hacer algo, cuando tiene miedo, o simplemente cuando lo quiera, las estrellas le recuerdan mejores tiempos. No tuvo que romperse la cabeza para comprenderlo, pero tuvo que pegar su corazón. Se puede tomar una foto de las estrellas, grabar un video, grabar su sonido en la noche abierta, dibujarlas, acostarse bajo ellas, hasta ignorarlas; pero para nunca olvidarlas hace falta perderlas y volver a tenerlas.
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