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domingo, 30 de octubre de 2011

Bruno

Trabajar toda la semana y poder estudiar los fines de semana fotografía, su pasión. Saber que su sueldo en la librería no es suficiente, que su madre tiene cáncer y que ha decido irse a vivir a Playa del Carmen, que su hermano tiene más de treinta años y que no ha sido capaz de escaparse de un círculo de auto-sabotaje que lo tiene anclado a la casa materna; saber todo esto no es fácil. Dice que ya llegó al límite de la depresión, que en todo ese caos encontró un justo medio, encontró una especie de sendero en el que visualiza un futuro mucho mejor que el de este momento. Insiste: se trata de entender la esencia de uno y con esa tener que pasar día a día, a pesar de todo, a pesar de nadie.

Se acuerda (y me recuerda) que en la prepa se sentía un chingón, en la plenitud de la inconsciencia, en la plenitud de disfrutar. El tiempo escurre en las manos, entre los dedos, entre palabras, en pensamientos, en acciones y omisiones, en sonrisas, en lágrimas, en los golpes, en las mañanas, en las noches, en las tardes, en el metro, en el baño, en los recuerdos, en los enojos, en las canciones, en las películas, en la soledad, en la compañía, en el frío, en la sombra, en el agua, en el silencio, en el ruido, en el movimiento, en la quietud, en los pasos, en los saltos, en los gritos; en todo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Ensalada

Comer ensalada para algunos puede ser motivado por la dieta, para otros un simple antojo, para otros un hábito; pero para mí un momento de alegría. Cuando una ensalada es preparada con un montón de cariño, sin importar los ingredientes que sobren o que falten, el sabor es capaz de llegar no sólo al cerebro sino al corazón mismo; que se te haga agua la boca, que te den ganas de llorar, eso es comer. Preparada al momento o en un recipiente para llevar jamás pierde su esencia, jamás pierde su sabor.

A veces digo que no siento hambre, que se me olvidó la sensación; pero el cuerpo necesita comida, eso es un hecho. Cuando pienso eso, también se me ocurre que debe haber algo más adentro de mí que tiene hambre; el alma, el corazón, el cerebro. Comida para la tristeza, que entre por la boca pero que me nutra todo lo demás, que tanta falta me hace. No hay hasta hoy en día una ensalada más rica y más nutritiva para ambos objetivos que la que preparas, lo juro; y por eso estoy muy agradecido.

lunes, 17 de octubre de 2011

Hermano

Conozco poco a mi padre, y lo que conozco no me gusta mucho. En un innumerable número de ocasiones, durante comidas o sobremesas, repetía las mismas historias de su niñez, otras tantas entraba en terrenos más serios, hablando de sus trabajos, del Derecho o de la política. Por él pude hacerme una vaga imagen de lo que había sido su casa cuando niño, sobre mis abuelos y sobre algunas cosas de mis tíos. Mi tío el más grande, Carlos, es simpático, de un carácter ligero; el más chico, José Luis, era bonachón, pero en realidad nunca lo conocí tanto. Él murió hace algunos años, estaba terriblemente deprimido por la muerte de mi abuela y se mató bebiendo. El tema no se toca en realidad en mi casa, pero mi padre siempre tiene recuerdos maravillosos de su hermano y él. Apenas el domingo, mientras comíamos paella, nos contaba como en Acapulco había pescado unas cuantas sardinas con Pepe, las cuales habían llevado a freír a un puesto cercano, en donde una señora les dijo: "¡Uy, esto no les va a alcanzar para nada!". No les importó, se las comieron contentos, juntos.

domingo, 16 de octubre de 2011

Alto, porfavor

Despertó acurrucado sobre su costado derecho, pegado a la pared. Después abrió los ojos, pero la
luz lo lastimó de sobremanera, cuando pudo enfocar estaba rodeado de paredes blancas. No había
nadie en la habitación, pero tampoco había nada más que la cama y una lámpara en el techo. No
sabía quién era, dónde estaba o qué le sucedía, tampoco podía hablar porque no recordaba ni una
sola palabra. Un silencio absoluto no le permitió saber si tenía la capacidad de escuchar o no, y la
cama estaba tan limpia que debió haber generado una angustiosa neutralidad de olor. Sabía que
estaba consciente, pero sus manos tocaban unas sábanas que no representaban nada para él, por
lo tanto es como si estuviese flotando.

No tenía miedo ni ansiedad, no tenía el impulso de pararse, pero tampoco el de quedarse
acostado. En realidad lo único que tenía era la capacidad para estar en un estado de vigilia
permanente. Su cuerpo funciona por el principio básico de la respiración, pero no hay hidratación,
ni nutrientes. Quizá lo único que le gustaría recordar es que fue él mismo quien se metió en ese
cuarto, quien le echó llave y quien pidió que jamás lo buscaran.

jueves, 13 de octubre de 2011

Partida

 

 

Bañarse con la luz apagada debería ser una actividad que se lleva a cabo con mucho cuidado. Uno debe procurar no resbalarse, intentar dimensionar bien donde se encuentra todo para evitar un golpe; cuando se domina esto lo demás es mucho más fácil y placentero. Escuchar la caída del agua rodeado de completa oscuridad, primero suave y después mucho más pesada debido a que se mezcla con el jabón y el champú. Por la ventana de arriba apenas es posible ver una insinuación del alba, pero hay que procurar que no distraiga nuestros movimientos.

Así como se debe ser cuidadoso al momento de moverse en el baño en la oscuridad, hay que ser cuidadoso con los pensamientos. Si se deja pasar a más de uno se está perdido entre tanta oscuridad, entre tanto silencio. Sin embargo, no es tan difícil recuperar el control. Basta con enfocarse en la cautela de buscar el jabón, ajustar la temperatura del agua que sale, enjuagarse la cabeza, arreglarse el corazón.

 

domingo, 9 de octubre de 2011

Enojo

Por un momento es un grito que pasa de la garganta al brazo derecho, o al izquierdo; después es un impulso de correr que se vuelve la gravedad multiplicada diez veces. Un pensamiento copula con otro y no tienen un hijo, sino millones, todos gritando diferentes palabras. Los puños se cierran bastante fuerte, la quijada se aprieta como queriendo que los dientes se quiebren, y la mirada queda atrapada entre dos párpados que se entrecierran y un ceño que se frunce, sosteniendo un constante temblor. 

Dentro de él, en realidad todos los órganos están en su lugar y funcionando, pero en ese momento es como si las vísceras se licuaran y de tanta presión buscaran salir por todos los poros. Afuera, el más ligero impulso hacia adelante o hacia atrás genera un vacío inmediato que obliga a tensar aún más cada uno de los músculos del cuerpo. El origen de este estado tan alterado desaparece, su padre, su madre y su casa se evaporan por unos segundos, entre tanto ruido en la cabeza, entre ese cuerpo a punto de explotar.

viernes, 7 de octubre de 2011

Caos

Si levantarse de la cama es un acto heroico, sentarse a pensar es cosa de titanes. Hay que poner los pies sobre la tierra y sentir cómo nos jala de vuelta, que a fin de cuentas nunca dejará de hacerlo; hay que respirar profundamente, metiendo el aire al estómago y no a los pulmones; hay que escuchar todo lo que sucede dentro para poder entender todo lo que sucede afuera; hay que darle un orden aparente a todo ese caos, de lo contrario descubres que el caos es más bien una constante.

Siempre debe existir alguien que pueda darte la mano, pero tu mano siempre debe estar dispuesta a tomar y ser tomada. Tus ojos deben estar dispuestos a ver y ser vistos, tu olor debe estar dispuesto a ser recibido de manera apacible y esconderse cuando tu recibas otros olores. Tus oídos no deberán cerrarse nunca, para que entonces tu boca sepa cuando abrirse gigante, y cuando no decir absolutamente nada. Si tu cabeza no está dispuesta a abrirse más allá de donde crees que está abierta ahora, entonces nada de todo lo anterior podrá suceder naturalmente.

sábado, 1 de octubre de 2011

Hoja en blanco

No quería morirse de tristeza, pero tampoco vivir triste. Tenía que dibujar una línea entre lo que no había podido ser, lo que estaba siendo y lo que sería. Pero se le habían perdido las crayolas, los lápices y los plumones; cual niño. No sabía si comprar unos nuevos o pedirlos prestados. Para comprarlos había que salir a la papelería, pero había amanecido haciendo un frío tremendo, todo nublado, para pedirlos prestados tenía que ir muy lejos y ni siquiera estaba seguro de encontrarlos.

Entonces tomó una sola hoja en blanco y salió de casa, buscó dibujarle con tierra, pero nada, buscó dibujarle con una ramita, nada tampoco. Se le ocurrió pedir una pluma pero casualmente nadie traía, no quiso tocar en ninguna casa porque pensaba que no le abrirían. Siguió caminando, enojado y triste, para cuando se dio cuenta había llegado muy lejos y no conocía el rumbo por donde estaba, la hoja se la había caído y entonces sí aunque le prestaran todos los colores del mundo iba que tener que pintarse a sí mismo.