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domingo, 16 de octubre de 2011

Alto, porfavor

Despertó acurrucado sobre su costado derecho, pegado a la pared. Después abrió los ojos, pero la
luz lo lastimó de sobremanera, cuando pudo enfocar estaba rodeado de paredes blancas. No había
nadie en la habitación, pero tampoco había nada más que la cama y una lámpara en el techo. No
sabía quién era, dónde estaba o qué le sucedía, tampoco podía hablar porque no recordaba ni una
sola palabra. Un silencio absoluto no le permitió saber si tenía la capacidad de escuchar o no, y la
cama estaba tan limpia que debió haber generado una angustiosa neutralidad de olor. Sabía que
estaba consciente, pero sus manos tocaban unas sábanas que no representaban nada para él, por
lo tanto es como si estuviese flotando.

No tenía miedo ni ansiedad, no tenía el impulso de pararse, pero tampoco el de quedarse
acostado. En realidad lo único que tenía era la capacidad para estar en un estado de vigilia
permanente. Su cuerpo funciona por el principio básico de la respiración, pero no hay hidratación,
ni nutrientes. Quizá lo único que le gustaría recordar es que fue él mismo quien se metió en ese
cuarto, quien le echó llave y quien pidió que jamás lo buscaran.

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