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sábado, 1 de octubre de 2011

Hoja en blanco

No quería morirse de tristeza, pero tampoco vivir triste. Tenía que dibujar una línea entre lo que no había podido ser, lo que estaba siendo y lo que sería. Pero se le habían perdido las crayolas, los lápices y los plumones; cual niño. No sabía si comprar unos nuevos o pedirlos prestados. Para comprarlos había que salir a la papelería, pero había amanecido haciendo un frío tremendo, todo nublado, para pedirlos prestados tenía que ir muy lejos y ni siquiera estaba seguro de encontrarlos.

Entonces tomó una sola hoja en blanco y salió de casa, buscó dibujarle con tierra, pero nada, buscó dibujarle con una ramita, nada tampoco. Se le ocurrió pedir una pluma pero casualmente nadie traía, no quiso tocar en ninguna casa porque pensaba que no le abrirían. Siguió caminando, enojado y triste, para cuando se dio cuenta había llegado muy lejos y no conocía el rumbo por donde estaba, la hoja se la había caído y entonces sí aunque le prestaran todos los colores del mundo iba que tener que pintarse a sí mismo.

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