Te sientas y le das un orden. Es como un rompecabezas, pero la verdad no recuerdo haber terminado alguno cuando era niño, quizás sí. Ves un montón de piezas, colores y formas; sabes que tiene un patrón y al final si le pones mucho empeño te va a quedar una maravillosa figura: un retrato de algún artista famoso, un bonito paisaje europeo, alguna obra de arte importante. Ahora no se trata de un rompecabezas así, se trata de uno en donde aparece mi foto, creo; la verdad es que no estoy seguro porque no está armado.
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lunes, 21 de noviembre de 2011
viernes, 18 de noviembre de 2011
Permanente
Te escribo desde un día que está por venir. Ese día no sé exactamente que está sucediendo conmigo, mucho menos contigo. El mundo no es el mejor lugar para vivir hoy, quién sabe mañana. Pero al menos sé que te escribo desde ese día hoy mismo, que es lo que puedo hacer; ese día estoy sonriente, tranquilo y fuerte. Supongo que siempre quise ser así, y siempre quisiste que fuera así. Me perdí un poco caminando, pero caminando me encontré; te perdí un poco caminando pero volando te encontré.
No basta con cambiar la forma en que se ven las cosas, hay que cambiar la forma en la que se hacen también. Todo a nuestro alrededor está vivo, aunque enfermo, vivo. Tú tienes más vida que muchas cosas que jamás voy a conocer, y desesperadamente busco que un poco de esa vida se quede dentro de mí, porque si lo logra, entonces jamás desaparecerá, porque jamás desaparecemos.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Bosque
El niño se asomó por la ventana, tímidamente. La casa estaba vacía, en medio del bosque, parecía llevar al menos cincuenta años abandonada. Ninguno de los demás quiso acompañarlo, unos por desidia y otros por miedo, pero no quisieron ir a la casa; en realidad habían ido tantas veces ya que una más no importaba. Él seguía yendo, casi todos los días, no le importaban los demás. Sentía que de tanto asomarse, algún día vería algo más interesante que los restos de muebles, las hojas, el polvo y un montón de piedras que entre todos habían llevado ahí para jugar.
Siempre hacía lo mismo: se asomaba por la ventana más grande, que estaba en el costado derecho de la entrada principal. Una vez, y esperaba; contaba exactamente treinta segundos y se volvía a asomar lo más rápido que podía como esperando sorprender a quien el sabía que aún vivía en esa casa. No estaba seguro si se trataba de una familia entera, de una pareja de ancianos, de un hombre solo (joven o viejo); pero estaba seguro que no se trataba de un grupo de niños.
martes, 1 de noviembre de 2011
Viaje
Insisten en que me vaya, que respire otros aires, que rompa ciertas barreras; debo insistir en que me vaya, en respirar otros aires, en romper ciertas barreras. El tiempo pasa y un centenar de ideas se anidan en mi mente, crecen y me llevan a lugares que ni siquiera existen, a escenarios que no sucederán tal y como los imagino. Un eslabón tras otro, das un paso y entonces sin darte cuenta ya estás dando el siguiente, ves una cosa y ya estás pensando en la próxima, un sonido te lleva al otro y una palabra basta para saber que el bloqueo mental es real; tan difícil hacerlo como deshacerlo.
Un montón de hilos nos tienen atados a lugares, personas y circunstancias. Eso que llaman mente humana es domable, controlable, perfectible; eso que llamamos ser humano no es domable, ni controlable, ni perfectible; es simplemente dos puntos que se unen en algún momento, jamás en línea recta. La memoria y lo que se trasciende, el olvido y el perdón; todo está resumido en poder lograr que esos hilos no se enreden. En mi viaje planeo llevarme un par de agujas, y aunque no sé tejer, los hilos han der ser acomodados.
domingo, 30 de octubre de 2011
Bruno
Trabajar toda la semana y poder estudiar los fines de semana fotografía, su pasión. Saber que su sueldo en la librería no es suficiente, que su madre tiene cáncer y que ha decido irse a vivir a Playa del Carmen, que su hermano tiene más de treinta años y que no ha sido capaz de escaparse de un círculo de auto-sabotaje que lo tiene anclado a la casa materna; saber todo esto no es fácil. Dice que ya llegó al límite de la depresión, que en todo ese caos encontró un justo medio, encontró una especie de sendero en el que visualiza un futuro mucho mejor que el de este momento. Insiste: se trata de entender la esencia de uno y con esa tener que pasar día a día, a pesar de todo, a pesar de nadie.
Se acuerda (y me recuerda) que en la prepa se sentía un chingón, en la plenitud de la inconsciencia, en la plenitud de disfrutar. El tiempo escurre en las manos, entre los dedos, entre palabras, en pensamientos, en acciones y omisiones, en sonrisas, en lágrimas, en los golpes, en las mañanas, en las noches, en las tardes, en el metro, en el baño, en los recuerdos, en los enojos, en las canciones, en las películas, en la soledad, en la compañía, en el frío, en la sombra, en el agua, en el silencio, en el ruido, en el movimiento, en la quietud, en los pasos, en los saltos, en los gritos; en todo.
Se acuerda (y me recuerda) que en la prepa se sentía un chingón, en la plenitud de la inconsciencia, en la plenitud de disfrutar. El tiempo escurre en las manos, entre los dedos, entre palabras, en pensamientos, en acciones y omisiones, en sonrisas, en lágrimas, en los golpes, en las mañanas, en las noches, en las tardes, en el metro, en el baño, en los recuerdos, en los enojos, en las canciones, en las películas, en la soledad, en la compañía, en el frío, en la sombra, en el agua, en el silencio, en el ruido, en el movimiento, en la quietud, en los pasos, en los saltos, en los gritos; en todo.
domingo, 23 de octubre de 2011
Ensalada
Comer ensalada para algunos puede ser motivado por la dieta, para otros un simple antojo, para otros un hábito; pero para mí un momento de alegría. Cuando una ensalada es preparada con un montón de cariño, sin importar los ingredientes que sobren o que falten, el sabor es capaz de llegar no sólo al cerebro sino al corazón mismo; que se te haga agua la boca, que te den ganas de llorar, eso es comer. Preparada al momento o en un recipiente para llevar jamás pierde su esencia, jamás pierde su sabor.
A veces digo que no siento hambre, que se me olvidó la sensación; pero el cuerpo necesita comida, eso es un hecho. Cuando pienso eso, también se me ocurre que debe haber algo más adentro de mí que tiene hambre; el alma, el corazón, el cerebro. Comida para la tristeza, que entre por la boca pero que me nutra todo lo demás, que tanta falta me hace. No hay hasta hoy en día una ensalada más rica y más nutritiva para ambos objetivos que la que preparas, lo juro; y por eso estoy muy agradecido.
lunes, 17 de octubre de 2011
Hermano
Conozco poco a mi padre, y lo que conozco no me gusta mucho. En un innumerable número de ocasiones, durante comidas o sobremesas, repetía las mismas historias de su niñez, otras tantas entraba en terrenos más serios, hablando de sus trabajos, del Derecho o de la política. Por él pude hacerme una vaga imagen de lo que había sido su casa cuando niño, sobre mis abuelos y sobre algunas cosas de mis tíos. Mi tío el más grande, Carlos, es simpático, de un carácter ligero; el más chico, José Luis, era bonachón, pero en realidad nunca lo conocí tanto. Él murió hace algunos años, estaba terriblemente deprimido por la muerte de mi abuela y se mató bebiendo. El tema no se toca en realidad en mi casa, pero mi padre siempre tiene recuerdos maravillosos de su hermano y él. Apenas el domingo, mientras comíamos paella, nos contaba como en Acapulco había pescado unas cuantas sardinas con Pepe, las cuales habían llevado a freír a un puesto cercano, en donde una señora les dijo: "¡Uy, esto no les va a alcanzar para nada!". No les importó, se las comieron contentos, juntos.
domingo, 16 de octubre de 2011
Alto, porfavor
Despertó acurrucado sobre su costado derecho, pegado a la pared. Después abrió los ojos, pero la
luz lo lastimó de sobremanera, cuando pudo enfocar estaba rodeado de paredes blancas. No había
nadie en la habitación, pero tampoco había nada más que la cama y una lámpara en el techo. No
sabía quién era, dónde estaba o qué le sucedía, tampoco podía hablar porque no recordaba ni una
sola palabra. Un silencio absoluto no le permitió saber si tenía la capacidad de escuchar o no, y la
cama estaba tan limpia que debió haber generado una angustiosa neutralidad de olor. Sabía que
estaba consciente, pero sus manos tocaban unas sábanas que no representaban nada para él, por
lo tanto es como si estuviese flotando.
No tenía miedo ni ansiedad, no tenía el impulso de pararse, pero tampoco el de quedarse
acostado. En realidad lo único que tenía era la capacidad para estar en un estado de vigilia
permanente. Su cuerpo funciona por el principio básico de la respiración, pero no hay hidratación,
ni nutrientes. Quizá lo único que le gustaría recordar es que fue él mismo quien se metió en ese
cuarto, quien le echó llave y quien pidió que jamás lo buscaran.
luz lo lastimó de sobremanera, cuando pudo enfocar estaba rodeado de paredes blancas. No había
nadie en la habitación, pero tampoco había nada más que la cama y una lámpara en el techo. No
sabía quién era, dónde estaba o qué le sucedía, tampoco podía hablar porque no recordaba ni una
sola palabra. Un silencio absoluto no le permitió saber si tenía la capacidad de escuchar o no, y la
cama estaba tan limpia que debió haber generado una angustiosa neutralidad de olor. Sabía que
estaba consciente, pero sus manos tocaban unas sábanas que no representaban nada para él, por
lo tanto es como si estuviese flotando.
No tenía miedo ni ansiedad, no tenía el impulso de pararse, pero tampoco el de quedarse
acostado. En realidad lo único que tenía era la capacidad para estar en un estado de vigilia
permanente. Su cuerpo funciona por el principio básico de la respiración, pero no hay hidratación,
ni nutrientes. Quizá lo único que le gustaría recordar es que fue él mismo quien se metió en ese
cuarto, quien le echó llave y quien pidió que jamás lo buscaran.
jueves, 13 de octubre de 2011
Partida
Bañarse con la luz apagada debería ser una actividad que se lleva a cabo con mucho cuidado. Uno debe procurar no resbalarse, intentar dimensionar bien donde se encuentra todo para evitar un golpe; cuando se domina esto lo demás es mucho más fácil y placentero. Escuchar la caída del agua rodeado de completa oscuridad, primero suave y después mucho más pesada debido a que se mezcla con el jabón y el champú. Por la ventana de arriba apenas es posible ver una insinuación del alba, pero hay que procurar que no distraiga nuestros movimientos.
Así como se debe ser cuidadoso al momento de moverse en el baño en la oscuridad, hay que ser cuidadoso con los pensamientos. Si se deja pasar a más de uno se está perdido entre tanta oscuridad, entre tanto silencio. Sin embargo, no es tan difícil recuperar el control. Basta con enfocarse en la cautela de buscar el jabón, ajustar la temperatura del agua que sale, enjuagarse la cabeza, arreglarse el corazón.
domingo, 9 de octubre de 2011
Enojo
Por un momento es un grito que pasa de la garganta al brazo derecho, o al izquierdo; después es un impulso de correr que se vuelve la gravedad multiplicada diez veces. Un pensamiento copula con otro y no tienen un hijo, sino millones, todos gritando diferentes palabras. Los puños se cierran bastante fuerte, la quijada se aprieta como queriendo que los dientes se quiebren, y la mirada queda atrapada entre dos párpados que se entrecierran y un ceño que se frunce, sosteniendo un constante temblor.
Dentro de él, en realidad todos los órganos están en su lugar y funcionando, pero en ese momento es como si las vísceras se licuaran y de tanta presión buscaran salir por todos los poros. Afuera, el más ligero impulso hacia adelante o hacia atrás genera un vacío inmediato que obliga a tensar aún más cada uno de los músculos del cuerpo. El origen de este estado tan alterado desaparece, su padre, su madre y su casa se evaporan por unos segundos, entre tanto ruido en la cabeza, entre ese cuerpo a punto de explotar.
viernes, 7 de octubre de 2011
Caos
Si levantarse de la cama es un acto heroico, sentarse a pensar es cosa de titanes. Hay que poner los pies sobre la tierra y sentir cómo nos jala de vuelta, que a fin de cuentas nunca dejará de hacerlo; hay que respirar profundamente, metiendo el aire al estómago y no a los pulmones; hay que escuchar todo lo que sucede dentro para poder entender todo lo que sucede afuera; hay que darle un orden aparente a todo ese caos, de lo contrario descubres que el caos es más bien una constante.
Siempre debe existir alguien que pueda darte la mano, pero tu mano siempre debe estar dispuesta a tomar y ser tomada. Tus ojos deben estar dispuestos a ver y ser vistos, tu olor debe estar dispuesto a ser recibido de manera apacible y esconderse cuando tu recibas otros olores. Tus oídos no deberán cerrarse nunca, para que entonces tu boca sepa cuando abrirse gigante, y cuando no decir absolutamente nada. Si tu cabeza no está dispuesta a abrirse más allá de donde crees que está abierta ahora, entonces nada de todo lo anterior podrá suceder naturalmente.
sábado, 1 de octubre de 2011
Hoja en blanco
No quería morirse de tristeza, pero tampoco vivir triste. Tenía que dibujar una línea entre lo que no había podido ser, lo que estaba siendo y lo que sería. Pero se le habían perdido las crayolas, los lápices y los plumones; cual niño. No sabía si comprar unos nuevos o pedirlos prestados. Para comprarlos había que salir a la papelería, pero había amanecido haciendo un frío tremendo, todo nublado, para pedirlos prestados tenía que ir muy lejos y ni siquiera estaba seguro de encontrarlos.
Entonces tomó una sola hoja en blanco y salió de casa, buscó dibujarle con tierra, pero nada, buscó dibujarle con una ramita, nada tampoco. Se le ocurrió pedir una pluma pero casualmente nadie traía, no quiso tocar en ninguna casa porque pensaba que no le abrirían. Siguió caminando, enojado y triste, para cuando se dio cuenta había llegado muy lejos y no conocía el rumbo por donde estaba, la hoja se la había caído y entonces sí aunque le prestaran todos los colores del mundo iba que tener que pintarse a sí mismo.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Foto
Sentado con un té inglés en la mano, sin miel pero con crema y azúcar. De un lado Juan, del otro Bruno. Uno metido en la física y la energía, el otro en la fotografía. Uno al borde del suicidio, el otro con años de crisis existencial. ¿Y tú qué? Ahí en medio, sin saber qué decir. Que les tomen una foto, para verla después, como en unos veinte años. Que se quede esa sensación en la foto, que se quede esa piltrafa encerrada por siempre en la foto. El que se sentó en la banca y el que quedó en esa foto no es el mismo que se paró, ni el mismo que será en veinte años.
Ahora estoy temblando, no es nuevo; creo que de todos modos voy a temblar de aquí al último de mis días. Estaba temblando por dentro cuando tomaron la foto, ausente. Si esta noche la viera, en la computadora o revelada, pediría no recordar jamás ese día; o quizás pediría recordarlo siempre. Estoy muy enojado, luego triste, después ansioso y por último cansado. No hay un límite todavía, pero debería parar de empujarme justo en el momento en que deicida subir al techo y fumar de nuevo, donde no es que tenga miedo de la orilla sino del que está en la foto y del que aún no la puede ver en veinte años.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Caminata
El contacto de los pies con cualquier tipo de superficie me va permitiendo un abandono paulatino de los pensamientos, es cuestión de dejar que el cuerpo se desenvuelva de manera dinámica y natural para que caminar se convierta en un ejercicio de existencia. Ya sea con o sin audífonos, la esencia del movimiento y la posesión visual de lo que me rodea me obliga a dejar la mente en blanco, en negro, en rojo, en verde o en cualquier otro color. Es preferible desde luego tener la compañía de la música en todo momento, de aquí allá, de una cuadra a otra, de un color a otro.
Sería terrible si no tuviera piernas, la posibilidad de moverme. Sin embargo es posible tener piernas y no poder moverse, sentir que uno no se mueve. Puedes salir y dar una caminata, con o sin música, pero puedes sentir que estás parado en un punto desde el cual todo a tu alrededor se mueve, menos ese punto. Es peligroso tener la sensación de falta de movimiento, porque en realidad esto nunca sucede. Lo que hace falta es aceptar que nuestro ritmo, por más lento que parezca, está sucediendo, y que es posible que lleve a algún lugar mejor.
Sería terrible si no tuviera piernas, la posibilidad de moverme. Sin embargo es posible tener piernas y no poder moverse, sentir que uno no se mueve. Puedes salir y dar una caminata, con o sin música, pero puedes sentir que estás parado en un punto desde el cual todo a tu alrededor se mueve, menos ese punto. Es peligroso tener la sensación de falta de movimiento, porque en realidad esto nunca sucede. Lo que hace falta es aceptar que nuestro ritmo, por más lento que parezca, está sucediendo, y que es posible que lleve a algún lugar mejor.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Jardín
A lo lejos se podían distinguir un montón de tonos de verde, el Sol creaba bastantes entre las hojas y en la carpeta gigante de pasto. Ni siquiera había llovido la noche anterior, pero era posible ver en las puntas de las hojas un reflejo lo suficientemente brillante como para confundirlo con unas gotas a punto de caer; desde temprano era posible presenciar tan maravilloso espectáculo. Alguna que otra vez la luz era completamente opacada por las nubes pasando, no más brillo o muchos tonos de verde; a final de cuentas las nubes seguían su camino.
Estar sentado tan lejos del jardín hasta permite ver como el viento mueve las hojas, el lento paseo de las ramas haciendo sombra en el pasto, la sombra gigante de un pino completamente inclinado, los insectos que pasan volando, tus pensamientos en un ciclo interminable. La verdad es que sí había llovido la noche anterior, pero yo ni me había percatado; la luz que parecían gotas era en realidad gotas que para cuando termino de escribir esto ya se convirtieron en vapor, y ahora no sé dónde están.
Estar sentado tan lejos del jardín hasta permite ver como el viento mueve las hojas, el lento paseo de las ramas haciendo sombra en el pasto, la sombra gigante de un pino completamente inclinado, los insectos que pasan volando, tus pensamientos en un ciclo interminable. La verdad es que sí había llovido la noche anterior, pero yo ni me había percatado; la luz que parecían gotas era en realidad gotas que para cuando termino de escribir esto ya se convirtieron en vapor, y ahora no sé dónde están.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Cortina
No podía levantarse tan temprano, haber dormido tan pocas horas se lo impedían. Se sentía en un fuego cruzado, donde el sueño le ganaba al despertar. Además de escuchar las ramas de los árboles movidas por el viento desde su ventana, podía escuchar perfectamente las manecillas del reloj. Dormía sin camisa desde hace algunos días, el calor y la falta de aire acondicionado lo obligaban; pero también dormía solo. Al principio le costaba trabajo hallarse en ese espacio tan gigante; cuando una cama matrimonial es del tamaño del Sahara. De vez en cuando estiraba el brazo, pero no encontraba nada; también buscaba debajo de la cobija o a un lado de la almohada, el mismo resultado.
Aprendió a vivir con valor de afrontar cada segundo. Tantas vueltas en la cama, el calor, las ramas, el reloj, sus manos y las cobijas, le dijeron que volteara de nuevo a la ventana, porque ahí, detrás de la cortina, el Sol le iba a enseñar como cada instante merece la suficiente pasión y ardor, como ese instante se convierte así en eternidad.
Aprendió a vivir con valor de afrontar cada segundo. Tantas vueltas en la cama, el calor, las ramas, el reloj, sus manos y las cobijas, le dijeron que volteara de nuevo a la ventana, porque ahí, detrás de la cortina, el Sol le iba a enseñar como cada instante merece la suficiente pasión y ardor, como ese instante se convierte así en eternidad.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Guarda le stelle
Cuando veía las estrellas se acordaba que no estaba solo. Podía estar en el lugar más despejado del mundo o en la ciudad más contaminada; podía estar solo o rodeado de gente; aprendió que las estrellas jamás desaparecían. Aprendió que una parte de él estaba hecha de lo mismo que las estrellas, le enseñaron que todos venían de aquel lugar; comprendió que todos volvemos a ellas.
Cuando siente que no puede hacer algo, cuando tiene miedo, o simplemente cuando lo quiera, las estrellas le recuerdan mejores tiempos. No tuvo que romperse la cabeza para comprenderlo, pero tuvo que pegar su corazón. Se puede tomar una foto de las estrellas, grabar un video, grabar su sonido en la noche abierta, dibujarlas, acostarse bajo ellas, hasta ignorarlas; pero para nunca olvidarlas hace falta perderlas y volver a tenerlas.
Cuando siente que no puede hacer algo, cuando tiene miedo, o simplemente cuando lo quiera, las estrellas le recuerdan mejores tiempos. No tuvo que romperse la cabeza para comprenderlo, pero tuvo que pegar su corazón. Se puede tomar una foto de las estrellas, grabar un video, grabar su sonido en la noche abierta, dibujarlas, acostarse bajo ellas, hasta ignorarlas; pero para nunca olvidarlas hace falta perderlas y volver a tenerlas.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Mediocridad
Era un alma vacía, lo supo siempre. Todo consistía en reconocer que la mediocridad y la decidia habían echado raíces muy profundas en su ser, que al poco rato le quebraron el alma; porque todo mundo tiene una. Compartimos el último año de preparatoria, nada más que buenos tiempos. Poco después los caminos, como siempre, se bifurcaron. Sabía por algunos amigos que él ya vivía en París, se había conseguido una chica, y viajaba mucho últimamente. En mi mente su vida era buena, seguramente disfrutaba muchas cosas que yo no podía; juraba que podía sentir mi admiración a la distancia.
En tiempos difíciles y cuando menos lo esperas, el contacto con ciertas personas, y por lo tanto con distintas realidades, te cambia la percepción de las cosas. Saber que está bien consigo mismo es tranquilizador, de una forma u otra logró asimilarse. Además de las drogas, el trabajo y las noches ambulantes, reconoce que no tiene nada. Y fue capaz de reconocer que piensa en mí, que cree que de una forma u otra, las almas vacías van juntas. Pero cree que todo consiste en saber que estamos locos, y además, ser responsables de esa locura. Yo lo que no quiero creer es que haya raíces.
En tiempos difíciles y cuando menos lo esperas, el contacto con ciertas personas, y por lo tanto con distintas realidades, te cambia la percepción de las cosas. Saber que está bien consigo mismo es tranquilizador, de una forma u otra logró asimilarse. Además de las drogas, el trabajo y las noches ambulantes, reconoce que no tiene nada. Y fue capaz de reconocer que piensa en mí, que cree que de una forma u otra, las almas vacías van juntas. Pero cree que todo consiste en saber que estamos locos, y además, ser responsables de esa locura. Yo lo que no quiero creer es que haya raíces.
lunes, 29 de agosto de 2011
Pastoreo
En realidad el nunca quiso quedarse con el rebaño de sus padres, pero era todo cuanto le quedaba, además de la pequeña casa. Tenía apenas 19 años, pero nunca había hecho otra cosa que vivir para cuidar al rebaño de cabras, vivir para comer, vivir para ver el sufrimiento de sus padres. Ahora que ambos habían muerto, su padre de una terrible infección y su madre de tristeza, estaba solo. Obviamente tenía otros familiares, a los que apenas conocía, de los cuales solo estaba seguro del desinterés y de la enorme distancia que los separaba.
Día tras día, desde temprano, dejaba salir a las cabras y en realidad no le importaba qué les sucediera. Apenas se daba cuenta ya estaba intentando juntarlas a todas y ya había perdido unas cuantas, poco a poco perdía potencial de venta de leche; en realidad deseaba venderlas a todas. Una mañana estaba decidido a ni siquiera venderlas, simplemente iba a dejarlas libres e irse tan lejos como pudiera. Estaba parado, inmóvil en lo alto de la colina más lejana de la zona de pastoreo, observando como el rebaño se esparcía lentamente. En ese mismo momento, del otro lado de la colina, y sin que él se diera cuenta, se acercaba una mujer. Justo en el momento en que había decidido dar la media vuelta para ir a recoger sus cosas a casa y por fin partir, la vio. De inmediato recordó que sólo había perdido 3 cabras de un total de 60 y que la leche aún existía.
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domingo, 21 de agosto de 2011
Continuum
Bien decía el buen Pablo (Neruda) que algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar e inevitablemente, uno se encuentra a sí mismo, siendo este momento el más feliz o el más amargo de nuestras vidas; quizás le faltó precisar que este fenómeno no sucede una sola vez, no tiene principio ni fin, es un continuum. Este principio proviene de la Naturaleza y por lo tanto no podemos escapar de él ni como individuos, ni como sociedad, ni como especie. Cuando somos capaces de comprender que el continuum nos determina a nosotros y luego a todo lo que nos rodea, somos capaces de obtener una visión integral de la realidad que puede no solo beneficiarnos en lo personal, sino tener un impacto significativo en un montón de campos.
Por ejemplo, el otro día descubrí en una clase la importancia de que exista una crisis en el paradigma epistemológico dominante, ya que esto permite el surgimiento de nuevos bríos imaginativos por reivindicar la totalidad de la realidad, y poder escapar a la parcialización de la misma. Este último fenómeno ha aportado algunos beneficios reales a través de la ciencia a la salud o la tecnología, pero también ha sometido y excluido otras formas de conocimiento y expresión. Así como se habla de democracia atómica o una cooperativa de células en el texto que revisé, es posible hablar de la música de la sangre que corre por las venas. Así como existe la crisis para encontrarnos a nosotros mismos, el momento de afrontar la idea del continuum como sujetos cognoscentes es excitante; ahora solo hace falta expresarla poéticamente.